Pedro Sánchez defendió con firmeza el proceso de regularización de inmigrantes que impulsa España, frente a las críticas surgidas en la reciente cumbre de la Unión Europea. En Bruselas, tras la reunión de los Veintisiete, el presidente rechazó las objeciones planteadas por algunos líderes, entre ellos la primera ministra italiana y la danesa, y propuso que quienes dudan sobre la política española consulten con el Vaticano, aludiendo a la coincidencia de criterios entre el Gobierno y la iglesia católica.
El jefe del Ejecutivo explicó que la mayoría de las personas que solicitan regularización provienen de países latinoamericanos y ya contribuyen al desarrollo económico del país. Por esta razón, insistió en que merecen tener los mismos derechos que cualquier ciudadano español. Además, destacó que esta política cuenta con el respaldo tanto de empresarios como de instituciones religiosas, lo que avala su eficacia.
Sánchez manifestó que la discusión en la cena de trabajo de los líderes europeos no fue para provocar tensiones, sino un intercambio saludable sobre un tema complejo y necesario. A su vez, mostró el rechazo de España a la iniciativa del Parlamento Europeo para crear centros de inmigrantes fuera del territorio comunitario, argumentando que esta medida es ineficaz, malgasta recursos y puede enviar un mensaje erróneo a los países de origen y tránsito migratorio, con los que es vital mantener colaboración.
Mientras Sánchez respondía a las críticas, varios líderes europeos encabezados por las primeras ministras de Italia y Dinamarca firmaron una carta dirigida a los presidentes de la Comisión y el Consejo Europeo, solicitando acelerar avances en la política migratoria comunitaria. Sin embargo, España mantiene su postura en defensa del enfoque que considera inclusivo y basado en la realidad sociodemográfica actual.
