Irán se encuentra en proceso de establecer una oficina dedicada al cobro de peajes a todas las embarcaciones que atraviesen el Estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte global de petróleo y gas. Esta iniciativa representa un intento de Teherán para ejercer un control económico sobre la región y monetizar el paso de alrededor del veinte por ciento del crudo mundial que circula por ese estrecho.

El proyecto no prevé un cobro uniforme para todos los países. Se espera que China e India, principales socios estratégicos de Irán, reciban tarifas más favorables. En contraste, las naciones occidentales, especialmente Estados Unidos y Europa, podrían enfrentar peajes más elevados como parte de una estrategia selectiva de Teherán para influir en el mercado internacional y reforzar su posición geopolítica.

Este movimiento genera preocupación en Washington, que se opone firmemente a que Irán obtenga ingresos adicionales a partir del tránsito en Ormuz, una zona de alta tensión debido a su importancia geoestratégica. Por otro lado, algunos países europeos enfrentan las consecuencias económicas de no haber apoyado con mayor firmeza las acciones estadounidenses contra el régimen iraní, ya que ahora podrían cargar con costos elevados por el control iraní sobre esta ruta.