Vigo respaldó proyectos sociales, educativos y sanitarios en distintos países a través de ayudas municipales destinadas a la cooperación internacional. El apoyo financiero se distribuyó en seis naciones de África y América Latina, beneficiando a comunidades vulnerables mediante programas implementados por organizaciones no gubernamentales.

La Fundación Agua de Coco fue la entidad que recibió la mayor financiación, destinada a un centro de acogida integral en Tuléar, Madagascar, que brinda apoyo socioeducativo a niñas y adolescentes en riesgo de exclusión. Esta iniciativa concentró una aportación superior a los 10.000 euros, dentro de un total de 60.000 euros distribuidos por el Ayuntamiento entre todos los proyectos.

En Bolivia, la Fundación Taller de Solidaridad promovió la creación de huertos orgánicos familiares en las zonas de Alto Litoral y Monte Olivos. Este programa está enfocado a mujeres migrantes urbanas procedentes del campo, con el objetivo de mejorar la alimentación familiar y fomentar la reforestación. Mientras tanto, en Perú, la Asociación Aulas Abiertas utilizó el respaldo para construir una cocina-comedor en una escuela de Celendín, en la región de Cajamarca.

En Honduras, la entidad Colaboración y Esfuerzo ejecutó un programa de educación inclusiva para niños y jóvenes en riesgo social en el centro Santa Mónica, ubicado en las afueras de Tegucigalpa, ofreciendo apoyo escolar y espacios psicopedagógicos. De forma paralela, en la República Democrática del Congo, la Asociación Harambee desarrolló la segunda fase de un proyecto para mejorar la atención de la drepanocitosis, con la instalación de una unidad de energía solar y la perforación de un pozo en un centro de salud en Lubumbashi, buscando reducir la mortalidad infantil.

Finalmente, en Zambia, Solidaridad Educación y Desarrollo colaboró en la financiación de un centro de formación profesional en Chibuluma, enfocado en promover la educación técnica y vocacional para jóvenes, con el fin de fomentar su inserción laboral y desarrollo.