El duelo tras la pérdida de un ser querido no sigue un patrón rígido ni universal, sino que se manifiesta de manera diferente en cada persona. Andrea González, psicóloga especializada en salud mental, señala que esta experiencia depende del vínculo con el fallecido, las circunstancias de la muerte y la edad de quien enfrenta la pérdida. En particular, destaca la diferencia entre despedirse tras una enfermedad prolongada o enfrentar una muerte inesperada, como un accidente.
Contrario al enfoque tradicional que plantea fases lineales del duelo, González señala que este proceso es fluctuante y variable. No todas las personas atraviesan las mismas emociones en el mismo orden y, de hecho, algunas pueden no experimentar ciertas etapas en absoluto. Esta flexibilidad es un mecanismo que la mente utiliza para adaptarse a la idea de la ausencia definitiva de un ser querido.
Además, la psicóloga insiste en que no existen reacciones ni emociones equivocadas durante el duelo. Es común alternar momentos de tristeza profunda con instantes de enojo o incluso períodos en los que se pueda disfrutar de actividades cotidianas, como compartir una comida o conversar en familia o con amigos. Estas "pausas" no deben verse como retrocesos, sino como partes esenciales del proceso de adaptación emocional.
En casos de pérdidas abruptas y traumáticas, la carga emocional puede ser más intensa, lo que hace aún más importante comprender la naturaleza dinámica del duelo. González subraya que el miedo y la incertidumbre son parte inherente de esta etapa, por lo que aceptarlos contribuye a una mejor gestión emocional.
Para quienes atraviesan un duelo, la recomendación central es permitirse transitar el proceso sin juicios ni expectativas rígidas. Respetar los tiempos propios y buscar apoyo profesional si es necesario puede favorecer la recuperación gradual y evitar sentimientos de frustración o aislamiento.
