La cifra de animales de compañía recogidos en refugios españoles supera los 285.000 cada año, una realidad que no muestra signos de mejora. Esta constante afluencia se compone principalmente de 169.000 perros y 116.000 gatos, todos ellos en busca de una nueva oportunidad tras ser abandonados. Más allá de picos estacionales, el abandono se ha convertido en una problemática estructural que refleja un déficit cultural respecto al trato responsable hacia las mascotas.
El motivo principal de abandono son las camadas no deseadas, originadas por la falta de esterilización, lo que representa alrededor del 15% de los casos. Esta situación evidencia una falta de planificación y responsabilidad por parte de algunos propietarios, quienes también justifican el abandono por pérdida de interés cuando el animal crece, cambios de domicilio o problemas de comportamiento. El hecho de que el fin de la temporada de caza sea un punto crítico para estos abandonos revela aún una visión que trata a los animales como herramientas o juguetes descartables cuando dejan de cumplir una función.
En los refugios, el impacto emocional es profundo. La presión diaria genera entre los trabajadores un síndrome conocido como fatiga por compasión, un desgaste emocional producido por el cuidado constante de animales en situaciones de sufrimiento y el déficit de recursos humanos y económicos. La mayoría de las protectoras dependen de voluntarios: casi cuatro de cada diez no tienen personal remunerado, lo que agrava el estrés y la imposibilidad de asegurar el bienestar óptimo de todos los animales.
Para enfrentar esta problemática, la legislación española ha aumentado las sanciones contra el abandono animal. Las multas por infringir la normativa pueden llegar hasta los 10.000 euros, reflejando un intento de frenar esta práctica irresponsable mediante medidas coercitivas que fomenten una tenencia más consciente y responsable.
