El alcohol continúa siendo la droga que más personas llevan a buscar ayuda en Cataluña. En 2025, esta sustancia motivó casi la mitad de los inicios de tratamiento en los Centros de Atención y Seguimiento de las Drogodependencias (CAS), consolidando una tendencia que no varía desde finales del siglo XX cuando el alcohol superó a la heroína como principal motivo de consulta.
Después del alcohol, la cocaína es la segunda sustancia que provoca mayor demanda de tratamiento, representando más de una cuarta parte del total. Otras drogas como el cannabis y la heroína presentan una menor incidencia en los registros de estos centros especializados. El tabaquismo, aunque es una adicción muy extendida, ocupa un porcentaje pequeño en los CAS porque la mayoría de los tratamientos para el tabaco se gestionan en la atención primaria.
Además, se detecta un aumento en las adicciones comportamentales, con casi mil comienzos de tratamiento en 2024. Los juegos de apuestas representan la gran mayoría de estos casos, seguidos por la compra compulsiva, la adicción a los videojuegos y la sexual.
Sanidad ha alertado también sobre el creciente uso del vapeo entre menores, un fenómeno al que aún se debe prestar mayor atención para evitar que se convierta en un problema de salud pública a largo plazo.
En otro frente, la coexistencia de adicciones con trastornos mentales, conocida como patología dual, se ha convertido en un desafío para los servicios de salud. Este problema se agrava en personas sin hogar, que requieren una atención integral adaptada a sus condiciones sociales y sanitarias.
Para atender estas complejidades, Cataluña cuenta con una red de reducción de daños compuesta por unos cuarenta servicios que incluyen centros de día, unidades móviles, salas de consumo supervisado y equipos que trabajan directamente con poblaciones vulnerables. Estos programas buscan disminuir la mortalidad asociada al consumo, prevenir sobredosis e infecciones y reducir la exclusión social.
El secretario de Salud Pública destacó la necesidad de adaptar los recursos para atender mejor a mujeres y a diversas identidades de género, reconociendo que las respuestas deben ser más inclusivas y sensibles a distintas realidades.
