El hígado graso, o Esteatosis Hepática Metabólica, se ha convertido en la enfermedad hepática más común a nivel mundial y preocupa especialmente su incremento en la población infantil y adolescente. Expertos alertan que la obesidad y los estilos de vida sedentarios son los principales causantes de este fenómeno.

La acumulación de grasa en el hígado de los niños suele estar asociada a un conjunto más amplio de alteraciones metabólicas, como la resistencia a la insulina, las dislipidemias y la hipertensión arterial, incluso a edades tempranas. Estos factores no solo amenazan la salud hepática sino que pueden dar pie a patologías crónicas graves en el futuro.

Los especialistas remarcan la importancia del diagnóstico temprano, ya que la enfermedad no presenta síntomas claros en sus etapas iniciales. Prevenir su avance es posible principalmente a través del cambio en los hábitos de vida: aumentar la actividad física, reducir el tiempo frente a pantallas, y limitar el consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas.

Aunque el hígado graso infantil comparte características con la enfermedad en adultos, su aparición a edades más tempranas implica una mayor duración de la exposición a factores dañinos, lo cual podría empeorar el pronóstico si no se actúa a tiempo. Sin embargo, muchos niños pueden revertir la condición con intervenciones oportunas y modificaciones en su rutina.

La especialista que coordina el Grupo de Esteatosis Hepática Metabólica de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición señala que, más allá del aumento de peso, el estilo de vida moderno — marcado por el sedentarismo y la dieta poco saludable— es el motor principal de esta tendencia alarmante entre la población joven.