El aumento de las temperaturas sobre los 35 grados pone en tensión al sistema cardiovascular, ya que el organismo debe trabajar más para regular su temperatura. Este esfuerzo incrementa la frecuencia cardíaca y provoca la dilatación de los vasos sanguíneos, mientras que la pérdida de líquidos desequilibra electrolitos esenciales como el sodio y el potasio, que son clave para el correcto ritmo del corazón.
Los especialistas advierten que los golpes de calor, cada vez más frecuentes con el cambio climático, presentan síntomas como fiebre, mareos, debilidad, dolores de cabeza, piel seca y caliente, calambres musculares y alteraciones en el nivel de conciencia. Cuando estos signos se acompañan de dolor o presión en el pecho, brazos, mandíbula, cuello o espalda, o hay sudoración fría, el riesgo puede ser un infarto o angina y requiere atención médica urgente.
Además, las alteraciones del ritmo cardíaco pueden manifestarse como palpitaciones o mareos intensos, incluso llegando hasta pérdida de conciencia. En estos casos, es imprescindible acudir de inmediato a urgencias. La confusión mental, dificultad para hablar con claridad o sensación de falta de aire persistente también son síntomas que deben alertar, pues podrían indicar un ictus o insuficiencia cardíaca agravada por el calor.
Para protegerse durante las olas de calor, es vital mantenerse hidratado, evitar la exposición prolongada al sol y buscar ambientes frescos. Personas con enfermedades cardiovasculares o factores de riesgo deben extremar precauciones, ya que el estrés térmico puede agravar sus condiciones.
