La atención a personas con demencia representa un gasto creciente que podría duplicarse en poco más de una década, según un análisis global sobre el Alzheimer y otros tipos de demencia. En 2018, el coste mundial alcanzó un billón de dólares; sin embargo, se estima que para 2030 esta cifra se elevará hasta los dos billones, impulsada por el aumento exponencial de nuevos diagnósticos.
El estudio realizado apunta que cada tres segundos se detecta un nuevo caso de demencia en el mundo. En 2018, cerca de 50 millones de personas vivían con esta enfermedad, y se prevé que esta cifra se triplique para mediados de siglo, con 152 millones de afectados. Para 2030, la población con demencia llegará a 82 millones, lo que coloca un gran desafío al sistema de salud y a los recursos disponibles para su cuidado.
Actualmente, no existe una cura definitiva para el Alzheimer, aunque hay tratamientos y estrategias que mejoran la calidad de vida de los pacientes. Entre ellas, la estimulación cognitiva mediante actividades grupales de memoria, música y cocina ayuda a preservar funciones cognitivas en las etapas leves y moderadas de la enfermedad.
Asimismo, los cuidados personalizados y centrados en la persona resultan fundamentales para manejar los síntomas y retrasar la progresión del deterioro. Conocer al paciente, su historia y preferencias contribuye a disminuir la dependencia en medicamentos, evitando efectos secundarios severos asociados a su uso excesivo.
El apoyo psicológico no solo beneficia a los pacientes, sino también a sus familiares y cuidadores, quienes enfrentan una carga significativa. Formaciones para personal de residencias y programas de acompañamiento buscan mejorar la atención integral, fortaleciendo el bienestar tanto de quienes cuidan como de quienes reciben el cuidado.
Este modelo de atención humana y respetuosa promueve que las personas con demencia mantengan una vida activa y con sentido, desplazando el enfoque exclusivo en la enfermedad hacia una mejor calidad de vida.
