La piel conserva una memoria biológica del daño provocado por la radiación ultravioleta, que muchas veces no se manifiesta hasta años o incluso décadas después de la exposición. Esta realidad subraya la importancia de la prevención temprana para evitar el desarrollo de cáncer de piel, el tumor más frecuente en España, con más de 78.000 nuevos casos anuales.
La radiación ultravioleta es el principal factor de riesgo, responsable de nueve de cada diez casos, ya sea procedente del sol o de fuentes artificiales como las cabinas de bronceado. Sin embargo, la costumbre de buscar el bronceado sigue siendo común, especialmente entre los jóvenes de entre 18 y 30 años, que representan el grupo menos protegido y el que menos cumple con las recomendaciones médicas de fotoprotección.
Para frenar esta tendencia, expertos proponen incorporar la educación sobre fotoprotección directamente en los programas escolares, enfocándose en la concienciación desde la infancia y adolescencia. La prevención, resaltan, sigue siendo la estrategia más eficaz e implica evitar la exposición prolongada en las horas centrales del día, usar fotoprotectores adecuados, prendas y accesorios protectores, además de buscar sombra.
Además, la detección temprana juega un papel fundamental. Se recomienda la autoexploración mensual de toda la superficie corporal, desde el cuero cabelludo hasta la planta de los pies, para identificar lesiones o lunares sospechosos que difieran del resto —conocidos como el «signo del patito feo»— y que podrían indicar un cáncer incipiente. Esta práctica es la herramienta más accesible para reducir la mortalidad al facilitar un diagnóstico precoz y oportuno.
En este contexto, profesionales del Instituto Valenciano de Oncología (IVO) destacan la necesidad de superar las campañas habituales de prevención y llevar la información a los grupos más vulnerables para lograr un cambio real en los hábitos frente al sol.
