El hantavirus de los Andes, diferente a otros hantavirus conocidos, ha demostrado la capacidad de transmitirse de persona a persona, incluso en situaciones sociales cotidianas como cumpleaños o funerales. Esta característica lo convierte en un virus más virulento con potencial para desencadenar cadenas de contagios y casos de “supercontagios”.

Gustavo Palacios, microbiólogo argentino radicado en Nueva York, lideró un estudio que evidenció esta forma de transmisión en un brote ocurrido en la Patagonia argentina entre 2018 y 2019. En ese periodo, tras la introducción inicial del virus desde reservorios naturales —principalmente roedores—, personas infectadas asistieron a eventos sociales masivos, lo que derivó en 34 contagios y 11 fallecimientos. Este evento obligó a implementar medidas como el rastreo de contactos y confinamientos para controlar la expansión.

La particularidad del hantavirus de los Andes, descubierto en 1996, es que rompe con el paradigma tradicional que asociaba los hantavirus exclusivamente a infecciones de animales a humanos, sin transmisión humana secundaria. Mientras que los hantavirus del Viejo Mundo solo se transmiten a través de roedores y provocan en ocasiones daño renal, los del Nuevo Mundo, como el virus de los Andes, causan un síndrome pulmonar grave y son capaces de contagiarse entre personas en escenarios sociales.

El primer brote de contagio humano del hantavirus de los Andes se detectó en 1997-1998, pero en ese momento no se contaban con las herramientas virológicas para confirmar la transmisión directa entre humanos, lo que generó escepticismo en la comunidad científica. Solo años después, con la nueva investigación de Palacios publicada en la revista médica The New England Journal of Medicine, se confirmó este fenómeno y se subrayó el riesgo que representa este virus en términos epidemiológicos.

El caso del MV Hondius, un barco donde ya fallecieron tres personas a causa del hantavirus en un reciente brote, ha mostrado similitudes con el brote patagónico. Este hecho ha puesto en alerta a la Organización Mundial de la Salud, que ahora analiza cómo controlar el virus en ambientes cerrados y en contacto cercano.

Este hallazgo redefine la vigilancia epidemiológica y el manejo de pacientes con hantavirus en Latinoamérica, especialmente en zonas rurales o donde el virus está endémico, ya que el contagio no se limita al contacto con roedores sino que puede transmitirse entre personas en reuniones sociales, consultas médicas o velorios, aumentando la complejidad del control de la enfermedad.