Contrario a la percepción extendida, la población migrante en España no sobrecarga el sistema sanitario; en promedio, goza de mejor salud y utiliza menos servicios médicos que la población nacida en el país. Así lo confirma un informe del Ministerio de Sanidad que analiza el estado de salud y el uso sanitario por parte de migrantes en España, aportando datos que contrarían la idea del “sobrecoste sanitario” asociado a la migración.

El estudio destaca que, en la mayoría de las enfermedades crónicas más costosas y frecuentes, la prevalencia es mayor entre los nacidos en España que en los migrantes. Por ejemplo, la multimorbilidad —la coexistencia de tres o más patologías crónicas— es significativamente más alta en la población autóctona. Además, el consumo de medicamentos en la población española supera ampliamente al de los grupos migrantes procedentes de África y Latinoamérica.

Sin embargo, el informe también señala que existen áreas específicas donde la población migrante enfrenta mayores desafíos de salud, como una mayor incidencia de diabetes en ciertos grupos o insuficiencia renal más frecuente en población africana. Más allá de estas diferencias epidemiológicas, se identifican barreras estructurales importantes que afectan el acceso a la atención sanitaria. Las dificultades legales, idiomáticas y administrativas impactan sobre todo a la comunidad latinoamericana, generando desigualdades que pueden agravar enfermedades prevenibles o tratables si se detectan a tiempo.

Estas barreras no se limitan a problemáticas individuales, sino que reflejan inequidades sistémicas que requieren atención para evitar un deterioro de la salud que aumente costos y complicaciones futuras. El informe, además, subraya la contribución económica de la población migrante al sistema sanitario, desmintiendo la idea de que representan un gasto adicional injustificado.