El hantavirus asociado a la cepa de los Andes es el único conocido capaz de transmitirse entre personas, aunque esta capacidad es limitada y los contagios ocurren en una ventana muy estrecha de tiempo, según explicó el microbiólogo argentino Gustavo Palacios, quien trabaja en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York.

Palacios, autor principal de una investigación sobre un brote ocurrido en la Patagonia argentina en 2018, subrayó que no existe certeza de que el reciente contagio detectado no tenga necesariamente origen en Tierra del Fuego, donde no se registran casos desde hace aproximadamente siete años.

El investigador destacó que la transmisión entre personas del hantavirus andes es poco eficiente y se produce únicamente durante un período corto, alrededor de un día, cuando el paciente ya presenta síntomas. Por ello, las autoridades sanitarias establecen un seguimiento de contactos en un plazo de 48 horas antes y 48 horas después de la aparición clínica, un mecanismo muy distinto al aplicado en la gestión del COVID-19 que incluía casos asintomáticos.

En relación con el brote registrado en un crucero, Palacios aseguró que si bien la situación afecta a los casos confirmados y sus contactos, el peligro de que evolucione a una epidemia o pandemia es muy bajo o nulo, dada la baja capacidad de contagio del virus y el control sanitario implementado.

Respecto a la tasa de letalidad, que en brotes pasados alcanzó alrededor del 40%, el especialista matizó que este número podría reducirse si se detectasen con más pruebas los casos asintomáticos, que suelen pasar inadvertidos y no ingresan en las estadísticas oficiales.

Para ejemplificar la dinámica del virus, Palacios recordó el brote de Epuyén en 2018 que provocó 34 casos confirmados y 11 fallecimientos. Este brote se originó a partir de un único paciente que estuvo en contacto con numerosas personas durante un evento social, lo que evidencia la necesidad de identificar rápidamente los casos sintomáticos para evitar contagios secundarios.