José Luis Lara, impulsor y organizador del Encuentro Internacional de Guitarra Paco de Lucía, sostiene que la verdadera crisis del flamenco reside en que muchos artistas terminan sonando demasiado parecidos, lo que limita la riqueza y la evolución del género. En un espacio íntimo dentro del Centro de Interpretación Paco de Lucía, Lara explica que para él es prioritario fomentar la calidad y la personalidad en las propuestas artísticas antes que buscar grandes cifras de público.

El Encuentro, nacido en 2014 como homenaje al maestro fallecido ese mismo año y con el objetivo de llenar el vacío que tenía Algeciras en festivales relevantes, ha evolucionado hasta convertirse en un referente que atrae visitantes de todo el mundo. Más que un mero recuerdo, busca consolidarse como un espacio donde se presenten artistas que encarnen el espíritu innovador de Paco de Lucía, con propuestas que aporten algo nuevo y con personalidad propia.

Desde esta perspectiva, Lara selecciona cuidadosamente a los artistas que forman parte del cartel, sin miedo a descartar a quienes repiten fórmulas que ya funcionan o carecen de originalidad. Prioriza a músicos que hubieran sido valorados personalmente por Paco y que aporten frescura al flamenco. Entre los nombres que han pasado por el festival destacan figuras internacionales y nacionales como Al Di Meola, John McLaughlin, Miguel Poveda y Sara Baras, quienes ajustan sus condiciones para participar en un evento que se sostiene principalmente por el peso simbólico del guitarrista al que rinde homenaje.

Además, Lara mantiene abierta la puerta para talentos emergentes que aún no han sido reconocidos masivamente pero que demuestran innovación, como es el caso de Yerai Cortés, a quien intentaron traer pese a su agenda completa. Su enfoque es claro: es preferible un público reducido pero entusiasta frente a grandes multitudes sin criterio ni calidad, siempre y cuando el artista refleje la esencia creativa y la evolución que Paco de Lucía representaba.

El Centro de Interpretación, ubicado en un palacete histórico de 1931 rehabilitado para este fin, acompaña este proyecto con actividades educativas, especialmente dirigidas a niños, donde Lara se siente en un ambiente cercano y propicio para transmitir la cultura del flamenco más allá del escenario. A sus ojos, el futuro del flamenco pasa por respetar su legado pero, sobre todo, por promover la originalidad y el aporte auténtico de cada intérprete.