España enfrenta un crecimiento alarmante en los trastornos de salud mental entre niños y adolescentes, con la ansiedad como principal diagnóstico. Según datos recientes del Sistema Nacional de Salud, estos trastornos han aumentado notablemente desde 2019, reflejando una realidad que va más allá de las cifras y exige un análisis profundo de sus causas.

Además de la ansiedad, que afecta a uno de cada ocho menores, condiciones como la depresión, las autolesiones y los trastornos de la conducta alimentaria también se han incrementado entre los jóvenes. El psiquiatra Andrés S. Martín, reconocido a nivel mundial en psiquiatría infantil, señala que otros problemas como el trastorno obsesivo compulsivo y el estrés postraumático asociado a abusos o acoso escolar contribuyen a esta compleja situación.

Martín destaca que estas problemáticas no se pueden abordar únicamente desde una perspectiva clínica o tecnológica, ya que la raíz está en factores sociales más amplios. La precariedad en la vivienda, dificultades laborales, la discriminación, el racismo y la experiencia migratoria son determinantes que agravan el estrés emocional de los jóvenes. En especial, los niños migrantes enfrentan un doble desafío: el trauma asociado al desplazamiento y las barreras sociales en el país receptor.

El enfoque tradicional en la psiquiatría requiere complementarse con un análisis cualitativo que escuche las vivencias directas de los jóvenes, algo que Martín ha desarrollado en su investigación reciente. Este método pone en primer plano las historias personales detrás de los diagnósticos, proporcionando una comprensión más humana y completa del sufrimiento infantil y juvenil.

Por otro lado, la detección temprana de estos trastornos suele depender del entorno escolar, donde enfermeros y psicólogos juegan un papel fundamental. No obstante, en España la presencia de estos profesionales en las escuelas públicas es mucho menos común que en Estados Unidos, país donde Martín dirige un servicio especializado en el Hospital Yale New Haven. La falta de apoyo en el ámbito educativo dificulta la intervención rápida y adecuada, lo que puede agravar los cuadros clínicos.

Martín enfatiza también en el rol del pediatra, quien en teoría tiene contacto con todos los niños, como pieza clave para identificar signos de malestar psicológico. Sin embargo, la ausencia de protocolos claros y la escasa formación en salud mental infantil limitan el potencial de estos profesionales como punto de detección y referencia.

En suma, la crisis de salud mental en niños y adolescentes españoles refleja una interacción compleja entre factores clínicos y sociales. Abordar esta problemática exige políticas públicas que consideren la vivienda, el trabajo, la inclusión social y una mejor integración de servicios de salud mental en colegios y centros pediátricos.