Empresas de la industria alimentaria están transformando residuos que tradicionalmente se descartaban en productos con valor sanitario y farmacéutico. Esta práctica se inscribe en la economía circular, que busca aprovechar al máximo los recursos para generar nuevos bienes, y en la alimentación está cobrando impulso con la creación de suplementos y fármacos dirigidos a mejorar la salud de diferentes colectivos.

Central Lechera Asturiana, a través de Capsa, destaca por su alianza con Cantabria Labs, con la que desarrolló la línea NMCLA, especial para pacientes crónicos. Su producto NMCLA Diabet es una dieta líquida pensada para personas con diabetes, hiperglucemia secundaria, desnutrición o riesgo nutricional tras el alta hospitalaria, aportando una solución especializada para estos casos.

Por su parte, Arla Foods, la mayor cooperativa láctea de Europa, aprovecha suero de leche, un subproducto rico en lactosa generado en la elaboración del queso. Transforman esta lactosa para emplearla en la industria farmacéutica, principalmente como diluyente o agente en comprimidos, cápsulas, inhaladores de polvo seco y otros formatos. Además, su filial Arla Foods Ingredients creó Lacprodan, una proteína en polvo usada para combatir la malnutrición en pacientes hospitalizados con estancias prolongadas. Esto representa un avance en combinación nutricional y farmacológica a partir de residuos industriales lácteos.

En el sector avícola, Pascual lanzó la filial Arandovo para aprovechar residuos de cáscara de huevo. De allí obtienen MKare, un producto que contiene colágeno, elastina, ácido hialurónico y más de 400 proteínas, elementos naturales que favorecen la fijación del calcio a los huesos, regeneración del cartílago y mejoran la flexibilidad de tendones y ligamentos. También extraen carbonato cálcico para aplicaciones en salud ósea.

Hace dos años, Arandovo firmó un acuerdo con Bio-Dis Pharma que les permitió lanzar una línea de complementos alimenticios orientados a la anti envejecimiento, nutricosmética, deporte y cuidado de mascotas, ampliando así el uso de ingredientes derivados de residuos alimentarios más allá del consumo humano directo.

Estos casos evidencian un movimiento creciente en la industria alimentaria para reconvertir sus residuos en componentes de alto valor añadido en salud y farmacología, reduciendo el desperdicio y promoviendo productos innovadores que buscan mejorar la calidad de vida en distintos contextos.