La exposición prolongada a luz artificial durante la noche, especialmente aquella proveniente de pantallas como móviles, tabletas y televisores, desajusta el ritmo circadiano y disminuye la energía disponible durante el día. Esta alteración se relaciona con un retraso en la producción de melatonina, la hormona responsable de inducir el sueño. Como consecuencia, el descanso se fragmenta y la fase de sueño profundo se acorta, lo que afecta negativamente el rendimiento físico y mental al día siguiente.
Un estudio publicado en The Lancet Regional Health – Europe, basado en datos del UK Biobank, siguió a más de 85,000 adultos durante casi una década para analizar cómo la luz artificial influye en la salud metabólica y el equilibrio energético. Los investigadores midieron la exposición nocturna a luz artificial mediante sensores y cuestionarios, observando además la relación entre esta exposición y la capacidad corporal para mantener energía estable y controlar la composición corporal.
Los resultados indicaron que quienes pasan más tiempo bajo luz artificial después del anochecer presentan un mayor riesgo de desajustes metabólicos, incluso ajustando factores como edad, sexo, índice de masa corporal, dieta, actividad física, duración del sueño y horarios de trabajo. En contraste, las personas con mayor exposición a luz natural durante el día mostraron un perfil energético mejor regulado y más saludable.
Desde un punto de vista fisiológico, la luz azul emitida por dispositivos electrónicos activa fotorreceptores en la retina que envían señales al núcleo supraquiasmático, considerado el marcapasos central del cuerpo. Este núcleo sincroniza otros relojes internos ubicados en órganos como el hígado y los músculos. La prolongación artificial del día mediante luz impide que la producción de melatonina comience a tiempo, retrasándola hasta entrada la madrugada. Al despertar, este retraso genera una inercia circadiana que reduce la energía en la mañana y fomenta el consumo de alimentos con hidratos de carbono refinados para obtener energía rápida.
Además, la disrupción del ritmo circadiano afecta el metabolismo: disminuye la sensibilidad a la insulina, altera la regulación del apetito y aumenta la probabilidad de acumular grasa visceral, factores que impactan la salud a largo plazo.
- Exposición a luz artificial nocturna retrasa la melatonina.
- El sueño se fragmenta y reduce la fase profunda.
- El metabolismo sufre alteraciones en insulina y apetito.
- El riesgo de acumulación de grasa visceral aumenta.
- La luz natural diurna mejora la regulación energética.
Este estudio aporta evidencia sólida para justificar la recomendación de limitar la exposición a luz artificial en las horas nocturnas y aumentar la luz natural diaria como una estrategia para mejorar la calidad del sueño, el metabolismo y el bienestar general.
