En un mundo cada vez más expuesto a enfermedades infecciosas de rápida propagación y alta letalidad, la Medicina Intensiva juega un papel central para mejorar las tasas de supervivencia. El manejo especializado en unidades de cuidados intensivos (UCI) se vuelve vital especialmente ante patologías como el ébola o el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, donde no existe un tratamiento específico que garantice la curación.
La experiencia clínica demuestra que la mortalidad desciende notablemente si el ingreso a la UCI es precoz cuando el paciente comienza a presentar deterioro. La principal estrategia consiste en aplicar un tratamiento de soporte efectivo para el fallo multiorgánico, que es la condición que termina por comprometer la vida en estos casos.
Entre las medidas fundamentales de soporte se incluyen la administración controlada de fluidos intravenosos, el uso de fármacos vasopresores para mantener la presión arterial, la ventilación mecánica invasiva o no invasiva, técnicas de protección pulmonar y la aplicación de procedimientos continuos de reemplazo renal. Estas herramientas permiten mantener o suplir la función de órganos vitales mientras el sistema inmunológico combate la infección.
El brote de ébola en la República Democrática del Congo y la presencia confirmada de la fiebre hemorrágica Crimea-Congo en España evidencian la persistente amenaza de estas enfermedades zoonóticas, que se transmiten de animales vertebrados a humanos. La fiebre Crimea-Congo se diagnosticó por primera vez en España en 2016, y desde entonces se han registrado varios casos con alta mortalidad.
A pesar de explorarse tratamientos experimentales como el plasma convaleciente, antivirales o anticuerpos monoclonales, ninguno ha demostrado beneficios concluyentes. Por ello, la atención especializada y el manejo integral en UCI permanecen como la única medida efectiva para mejorar el pronóstico en formas graves.
Los equipos médicos y de enfermería especializados en Medicina Intensiva, como los del Hospital Universitario La Paz, cuentan con la experiencia y competencias necesarias para atender críticamente a pacientes afectados por estas fiebres hemorrágicas y otros virus de alto riesgo, aplicando protocolos avanzados y tecnologías de soporte vital.
