Los pediatras son a menudo el primer contacto sanitario para menores y familias que enfrentan dudas o necesidades relacionadas con la identidad de género. Frente a esta realidad creciente, especialistas y la Asociación Española de Pediatría (AEP) reclaman una preparación adecuada que permita abordar estos casos desde una perspectiva científica, empática y personalizada.
Amadora Moral Martos, experta en Endocrinología Pediátrica y Medicina Transgénero, destaca que la demanda de atención vinculada a la diversidad de género “no es una moda ni un fenómeno marginal”, sino un desafío clínico que cada vez se presenta con mayor frecuencia. La especialista advierte que todavía existe una brecha entre lo que los profesionales observan en consulta y sus herramientas para responder de manera adecuada.
Esta tendencia también queda reflejada en estudios internacionales. En Inglaterra, la incidencia de niños y adolescentes que consultan por cuestiones de género en atención primaria incrementó notablemente durante la última década, tal como señala un estudio de Archives of Disease in Childhood. Alemania y los Países Bajos han registrado aumentos similares, con un crecimiento especialmente marcado en adolescentes asignadas mujer al nacer.
En este contexto, los expertos reunidos en el 72º Congreso de la Asociación Española de Pediatría enfatizaron que los conceptos de identidad de género, expresión de género y orientación sexual son distintos y que cada menor experimenta su proceso de forma única. Por ello, el rol del pediatra no debe basarse en presuponer trayectorias ni en dirigir decisiones, sino en acompañar, escuchar y ofrecer una orientación ajustada a las necesidades individuales.
La atención pediátrica a personas con diversidad de género debe ser rigurosa, individualizada y libre de prejuicios, subraya Moral Martos. A menudo, los pacientes y sus familias llegan a consulta con incertidumbre, miedo o desinformación, por lo que el apoyo familiar resulta fundamental para el bienestar emocional del menor.
Según investigaciones como la realizada por Olson y colaboradores y publicada en Pediatrics, los niños y adolescentes con diversidad de género que cuentan con un entorno familiar que los respalda presentan niveles de depresión similares a los de la población general. Por el contrario, la falta de aceptación se asocia con mayor riesgo de ansiedad, depresión y otros problemas emocionales.
Además, los familiares pueden requerir acompañamiento profesional para superar sentimientos de duda, preocupación o pérdida durante el proceso de transición o afirmación de género. La escucha activa y el apoyo especializado resultan claves para facilitar este camino.
