El parque Paraíso, en el distrito madrileño de San Blas-Canillejas, se ha convertido en un escenario complejo donde la Policía Nacional despliega una labor que va más allá de la simple vigilancia. Los agentes del Grupo Operativo de Respuesta (GOR) patrullan continuamente esta zona, enfrentando la presencia constante de toxicómanos que consumen sustancias como cocaína base y otras drogas, generando situaciones que requieren intervenciones inmediatas.

La reciente agresión mortal en la zona intensificó la preocupación vecinal y la presión sobre las fuerzas policiales. Los residentes denuncian un aumento en los robos, agresiones y la proliferación de narcopisos y espacios de consumo en el barrio, aspectos que han deteriorado significativamente la convivencia. Aunque reconocen que la presencia policial es necesaria, varios vecinos coinciden en que no resuelve por sí sola la compleja problemática.

El trabajo de los policías no se limita a controlar la seguridad, sino que también incluye tareas humanitarias y sanitarias. Muchos de los incidentes registrados terminan siendo asistencias por sobredosis o conflictos entre usuarios, que en ocasiones deben ser atendidos por los propios agentes incluso antes que los servicios médicos. Según miembros del GOR, casi el 80 % de sus intervenciones en el parque están vinculadas a la asistencia directa a personas en situación de vulnerabilidad.

Además de realizar registros y controles para evitar que el parque se convierta en un punto abierto de venta ilegal, los agentes actúan también como mediadores y acompañantes temporales. Dialogan con consumidores atrapados en la adicción desde hace años, intentando generar confianza, interesándose por su situación familiar, su acceso a centros de desintoxicación o sus condiciones de salud mental. Muchos presentan trastornos profundos y han perdido redes de apoyo fundamentales.

La convivencia en el parque se ve alterada por la presencia cotidiana de mantas en el césped, grupos dispersos de drogodependientes y residuos como jeringuillas abandonadas. Esto afecta directamente a los vecinos, que evitan acercarse a las zonas donde se concentran los usuarios, citando la sensación constante de inseguridad y molestias por ruidos, peleas y acumulación de basura.

Este panorama refleja la complejidad de intervenir en espacios públicos con alta incidencia de consumo y exclusión social, donde las funciones policiales reclaman una perspectiva integral que combine control, prevención y asistencia social.