Contrario a la creencia popular, dejar que la comida se enfríe a temperatura ambiente antes de guardarla en el frigorífico puede aumentar el riesgo de contaminación y deterioro. Las autoridades de salud, como el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), recomiendan colocar los alimentos cocinados en el refrigerador tan pronto como estén tibios, no calientes, para evitar que permanezcan demasiado tiempo en la llamada "zona de peligro" de temperatura donde las bacterias se multiplican rápidamente.
El principal inconveniente de introducir alimentos aún calientes radica en que pueden elevar la temperatura interna del frigorífico, lo que podría afectar a otros productos almacenados. Sin embargo, especialistas apuntan que es preferible acelerar el enfriamiento dentro del refrigerador y usar trucos para minimizar este impacto, antes que dejar la comida expuesta varias horas a temperatura ambiente, lo cual facilita la proliferación bacteriana y compromete la seguridad alimentaria.
Para reducir el efecto del calor dentro del frigorífico y proteger el resto de los alimentos, se aconseja enfriar previamente en casa los platos calientes, por ejemplo colocando la olla sobre un recipiente con agua fría. Otra recomendación útil es transferir las preparaciones a recipientes más pequeños que permitan dispersar el calor con mayor rapidez. Además, activar la función de enfriamiento rápido en modelos que la tengan, facilita que el compresor trabaje eficientemente para estabilizar la temperatura interna.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) señala que alcanzar rápidamente temperaturas cercanas a los 4 ºC es fundamental para impedir el crecimiento bacteriano en alimentos cocinados. Se recalca la importancia de no dejar más de dos horas la comida a temperatura ambiente antes de refrigerarla, ya que a partir de ese punto el deterioro comienza de forma acelerada.
