Territorios reúne siete relatos que exploran el agrohorror, un subgénero donde lo rural se tiñe de tintes sobrenaturales y perturbadores. Lejos del folclore oscuro tradicional, David Roas sitúa sus historias en pueblos y aldeas apartados de la civilización, especialmente en la Galicia profunda y otras zonas de la España vaciada, donde la apariencia tranquila oculta inquietantes secretos.
Estos relatos desbordan elementos inesperados como niños fantasmas, cerdos zombis y hortalizas monstruosas, combinando lo terrorífico con toques grotescos o cómicos. Cada cuento se desarrolla en escenarios específicos: la casa antigua de una abuela, un campo de cereal con un extraño visitante, una villa costera gallega donde los insectos parecen peregrinos, o una iglesia con una imagen venerada que proyecta desasosiego. Esta atmósfera crea una sensación constante de extrañeza y tensión desde las primeras páginas.
Roas es un narrador que roza el territorio de lo fantástico, destilando lo plausible y cotidiano hasta hacerlo memorable. Su mirada crítica y sutil transforma lo trivial en un recuerdo imborrable que invita al lector a adentrarse en esas tierras de labranza pobladas de terrores insospechados. Con poco más de cien páginas, Territorios evoca la atmósfera de maestros del horror como Blackwood, Machen, Lovecraft o Hill.
El libro abre la puerta a un mundo solitario y aislado de la modernidad, donde una luz tenue invita a prestar atención a sonidos sutiles y a inquietantes presencias, como el vaivén de una mecedora vacía, o quizá no. A través de las semillas sembradas en estos relatos, Roas logra cultivar en el lector una mezcla de inquietud y fascinación que hace difícil soltar el libro.
