En España, aproximadamente uno de cada siete adultos presenta algún grado de enfermedad renal crónica (ERC), aunque la mayoría desconoce su diagnóstico debido a la ausencia de síntomas en las primeras etapas. Esta patología consiste en la pérdida progresiva de la función de los riñones para filtrar y depurar la sangre, lo que puede derivar en complicaciones graves si no se detecta a tiempo.
Expertos señalan que, más allá del daño renal, la principal causa de mortalidad entre estos pacientes son las complicaciones cardiovasculares, ya que el riñón está estrechamente vinculado con el corazón, las arterias y el metabolismo. Por ello, la detección temprana no solo previene el deterioro renal, sino también riesgos asociados como insuficiencia cardíaca y problemas vasculares.
Los principales factores que predisponen a desarrollar ERC incluyen hipertensión arterial, diabetes, obesidad, colesterol alto, tabaquismo y el envejecimiento del sistema vascular. Estos factores aumentan especialmente a partir de los 40 años, motivo por el cual los especialistas recomiendan realizar análisis de sangre y orina de forma anual para un cribado precoz.
El diagnóstico se basa en dos pruebas clave: la tasa de filtrado glomerular estimada, calculada a partir de la creatinina en sangre, que evalúa la capacidad depurativa renal; y el cociente albúmina-creatinina en orina, que detecta daños estructurales en los filtros renales y sirve como marcador de daño vascular. La presencia de albúmina en orina es especialmente importante porque alerta no solo sobre la salud renal, sino también sobre el estado cardiovascular antes de que se manifiesten síntomas.
Estas pruebas son sencillas, económicas y accesibles, lo que permite un cribado masivo y oportuno con un impacto significativo en la prevención de complicaciones. Las autoridades sanitarias y expertos insisten en que la realización anual de dichos análisis a partir de los 40 años puede cambiar el curso de esta enfermedad silenciosa.
