Cuando se enciende el testigo de control de los gases de escape en el tablero, generalmente representado por un icono amarillo en forma de motor, indica que la centralita del vehículo detectó alguna anomalía relacionada con las emisiones contaminantes. Aunque el coche pueda seguir funcionando, esta señal no debe ignorarse por el riesgo de dañar el motor o no superar la inspección técnica vehicular (ITV).

Este testigo puede presentarse fijo o intermitente: si parpadea, suele significar un problema grave que requiere atención inmediata para evitar daños sustanciales en el motor o el sistema de escape. La actuación rápida puede evitar reparaciones costosas y garantizar que el vehículo cumple con las normativas de contaminación vigentes.

Entre las causas más comunes que activan este testigo destacan:

  • Problemas en la válvula EGR, que recircula gases para reducir óxidos de nitrógeno y se ensucia con el tiempo.
  • Fallo en la sonda lambda, que regula la mezcla de aire y combustible y cuando presenta errores incrementa las emisiones.
  • Deterioro del catalizador, clave para transformar gases nocivos en menos contaminantes.
  • Obstrucción del filtro de partículas en motores diésel, que retiene residuos de la combustión.

El mal funcionamiento de cualquiera de estos componentes afecta no solo a la contaminación, sino también al rendimiento del motor y al consumo de combustible. Por ello, se recomienda realizar una revisión mecánica especializada ante el encendido de este testigo para diagnosticar y corregir la falla a tiempo.

Los propietarios que cuentan con garantía mecánica o servicios de asistencia pueden beneficiarse de reparaciones cubiertas ante averías repentinas asociadas a este sistema, minimizando gastos inesperados.