El desarrollo tecnológico que ha permitido la consolidación del vehículo eléctrico en Europa abre ahora el camino para una transformación más compleja: la descarbonización de la aviación. Varias empresas, junto con la organización Transport & Environment (T&E), han pedido a la Comisión Europea que extienda sus políticas climáticas más allá del transporte por carretera para incluir un apoyo sólido a la aviación híbrida y de cero emisiones.
El sector aeronáutico plantea desafíos técnicos superiores a los de la automoción. La principal dificultad radica en la relación entre la densidad energética y el peso, elementos clave que afectan la autonomía y el despegue de aviones eléctricos. Por esto, la industria busca avanzar simultáneamente en tres líneas de investigación: la electrificación pura con baterías para vuelos regionales, la propulsión híbrida para trayectos medianos y el uso de hidrógeno para vuelos de larga distancia.
La electrificación total, por medio de baterías, se presenta como opción viable para vuelos cortos donde el peso es menos restrictivo. Sin embargo, para recorridos más extensos, la combinación de motores eléctricos con combustibles limpios, como el hidrógeno, aparece como la alternativa más prometedora. Esta tecnología híbrida permitiría reducir significativamente tanto el consumo de energía como las emisiones contaminantes sin sacrificar la operatividad comercial.
No obstante, el progreso hacia estas innovaciones se ve limitado por un marco regulatorio que actualmente favorece a la aviación tradicional. Los aviones 100% eléctricos deben afrontar impuestos más altos sobre la electricidad renovable, mientras que los combustibles fósiles gozan de exenciones fiscales. Esta asimetría genera un obstáculo para la expansión comercial de aeronaves limpias que ya cuentan con tecnología probada a nivel experimental.
Por ello, la coalición empresarial ha solicitado una reforma integral que elimine estas desventajas y cree incentivos fiscales específicos para promover la producción y adopción de aviación híbrida y de cero emisiones. Su propuesta persigue que Europa no solo mantenga el liderazgo en movilidad eléctrica sobre ruedas, sino que también se convierta en pionera y epicentro global de la innovación en transporte aéreo sostenible.
