El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial (IA) está generando una fuerte presión sobre la infraestructura física necesaria para su desarrollo, abriendo una nueva carrera por financiar desde centros de datos hasta sistemas energéticos y redes operativas.

Firmas como BlackRock y Goldman Sachs destacan que el despliegue masivo de estas tecnologías entre 2025 y 2030 requerirá inversiones multimillonarias, superando las estimaciones iniciales. Goldman Sachs señala que se necesitarán alrededor de 5,3 billones de dólares, un monto casi un billón superior al previsto anteriormente, para construir y mantener toda la infraestructura —terrenos, instalaciones, redes y sistemas de refrigeración— que soportará esta revolución.

En el mercado bursátil, las grandes tecnológicas continúan liderando el crecimiento, con cifras que superan con creces al resto del mercado. BlackRock se mantiene optimista respecto a los activos vinculados a la IA, favoreciendo especialmente sectores como los semiconductores, la energía y centros de datos, aunque también advierte sobre los riesgos derivados de la volatilidad en los tipos de interés.

Por su parte, Goldman Sachs subraya que la financiación para esta infraestructura no será homogénea y deberá canalizarse a través de diversos mercados y monedas a nivel global. Esto implica que los inversores tendrán que adaptarse a un escenario complejo en el que la infraestructura física es tan relevante como el software y los modelos de IA en sí.

Esta nueva dinámica traslada el foco bursátil desde las expectativas de beneficios tecnológicos hacia la capacidad de construir y mantener la base material de la transformación digital. Mientras tanto, en los mercados privados, la verdadera oportunidad reside en quienes puedan aportar capital para sostener esta infraestructura crítica, crucial para el futuro crecimiento de la inteligencia artificial.