La exploración espacial enfrenta un gran reto tecnológico: contar con sistemas computacionales capaces de operar durante años en ambientes extremadamente hostiles. Para superar esta barrera, la NASA desarrolló un procesador espacial de alto rendimiento que ofrece hasta 100 veces más capacidad computacional que los chips que actualmente operan en misiones espaciales.
Este avance se logra gracias a un sistema en chip, conocido como SoC (System on Chip), que integra en un solo componente la CPU, unidades de apoyo para cálculo, redes avanzadas, memoria e interfaces de entrada y salida. Aunque esta arquitectura es común en smartphones y tablets, el desafío para el espacio es conseguir que el dispositivo funcione bajo condiciones extremas de radiación, temperatura y partículas de alta energía que podrían dañar la electrónica o hacer que la nave entre en modo seguro.
El procesador es resultado de una colaboración con Microchip Technology y está destinado a futuras naves, orbitadores, rovers y hábitats tripulados en misiones de espacio profundo. Desde febrero, el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) lleva a cabo un riguroso programa de pruebas con radiación, ciclos térmicos y pruebas funcionales para validar su resistencia y desempeño frente a las dificultades del entorno espacial.
Los primeros resultados indican que el chip no solo cumple con las especificaciones, sino que su rendimiento supera en 500 veces al de los procesadores actualmente protegidos contra radiación usados en vuelos espaciales, aunque estos datos aún se encuentran en etapa experimental.
Con esta innovación, la NASA pretende aumentar la autonomía y capacidad de procesamiento de datos en misiones que se encuentran cada vez más lejos de la Tierra, donde la comunicación enfrenta retrasos significativos. El nuevo procesador contribuirá a manejar la complejidad y volumen de información requerida para la exploración científica y operativa en el espacio profundo.
