Entre mayo y junio, los campos de olivos se transforman con la aparición de una cubierta blanca que marca el inicio de la fase llamada Rapa. Aunque su tamaño es diminuto y difícil de notar, esta peculiar flor representa una etapa decisiva para la producción de aceituna y la calidad del aceite que se obtendrá posteriormente.

La Rapa es técnicamente una inflorescencia integrada por racimos de flores muy pequeñas que utilizan el viento para polinizarse, sin depender de insectos. Durante su floración, que dura aproximadamente tres semanas, las pequeñas flores evolucionan rápidamente desde brotes verdes hasta pétalos blancos con polen amarillo, culminando en la fecundación y cuajado de la aceituna.

Este proceso es extremadamente vulnerable a las condiciones climáticas. Un golpe de calor o lluvia intensa durante esos días puede afectar gravemente la cosecha, por lo que los agricultores siguen atentamente el clima en este periodo.

Una particularidad de la Rapa es que el olivo produce dos tipos de flores: unas hermafroditas capaces de fructificar y otras solo masculinas que solo aportan polen. Estas últimas, aunque no generan fruto, son necesarias para formar una nube de polen que facilite la polinización cruzada, asegurando la fertilidad del árbol.

Así, conocer y entender la Rapa no solo permite prever la cantidad de aceituna que se obtendrá, sino también la calidad del aceite, ya que la floración refleja el estado de salud y vitalidad del olivo.