La ciudad de Logroño enfrentó en 1599 una grave epidemia conocida como la peste atlántica, que afectó a gran parte de su población. Ante esta emergencia sanitaria, los habitantes realizaron un voto colectivo a Santa Ana, considerada protectora y patrona, para pedir su ayuda y protección contra la enfermedad.
Este voto implicaba un compromiso por parte de la comunidad: en caso de superar la peste, la ciudad se comprometía a rendir homenaje a Santa Ana mediante ceremonias y actos religiosos. Se trataba de una práctica común en la época medieval y moderna, en la que las comunidades recurrían a figuras santas para buscar consuelo y esperanza durante epidemias y otras crisis.
Los detalles de este hecho se mantienen gracias a la labor de cronistas locales como Isabel Murillo y Federico Soldevilla, quienes han documentado y salvaguardado esta tradición como parte del patrimonio inmaterial de Logroño. Su trabajo permite entender cómo la fe y las costumbres religiosas han influido en la identidad cultural de la ciudad a lo largo de los siglos.
Además, este voto forma parte de una serie de promesas religiosas que Logroño ha realizado en distintos momentos de crisis y renovación espiritual. Estas manifestaciones devocionales han quedado reflejadas en festividades y celebraciones que aún hoy se conservan, mostrando la continuidad de las tradiciones históricas en la vida de la ciudad.
Actualmente, esta memoria histórica se difunde a través de iniciativas culturales como #Logroñeando y #SanBernabé26, proyectos que buscan acercar a los ciudadanos los episodios más relevantes de su pasado y fortalecer la relación entre cultura, historia y comunidad.
