Investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) diseñaron un sensor ingerible prácticamente invisible que registra la temperatura corporal desde dentro del estómago, ofreciendo mediciones más precisas y continuas que los termómetros tradicionales.
El dispositivo, del tamaño de un pequeño arándano, combina un microchip con un sistema de transmisión inalámbrica que envía la información a una antena externa. Su diminuto tamaño —poco más de seis milímetros de diámetro y cuatro milímetros de altura— reduce significativamente el riesgo de obstrucción gastrointestinal, un problema común en dispositivos similares previos.
Para lograr este avance, el equipo redujo al mínimo el tamaño de todos sus componentes principales: el circuito sensor, la batería y la antena. El sensor, incorporado en un chip de silicio de apenas un milímetro cuadrado, detecta la temperatura con una precisión notable de 0,01 grados Celsius y consume una energía mínima, lo que permite que funcione con una pila de botón muy pequeña de 1,55 voltios.
El sistema utiliza una técnica llamada retrodispersión para optimizar el consumo energético. La antena externa, situada a una distancia corta del cuerpo, recibe la señal del sensor y calcula la temperatura interna cada segundo, posibilitando un monitoreo en tiempo real.
Este tipo de dispositivo tiene aplicaciones clínicas muy variadas. Puede servir para identificar tempranamente infecciones en personas con sistemas inmunitarios debilitados, como quienes reciben quimioterapia o inmunosupresores. Además, facilita un control más exacto de la temperatura durante procesos delicados como la anestesia, que afecta los mecanismos de regulación térmica del cuerpo.
También se presenta como una innovación para el seguimiento de la ovulación mediante la medición continua y precisa de la temperatura corporal central, lo que podría ser útil en tratamientos de fertilidad. En pediatría, ayudaría a detectar fiebre en bebés y niños pequeños con mayor rapidez y exactitud.
Los primeros ensayos realizados en animales bajo anestesia confirmaron la capacidad del sensor para captar y transmitir datos térmicos fiables incluso en movimiento, lo que sugiere que podría funcionar eficazmente en pacientes despiertos y activos.
Este avance tecnológico abre la puerta a un nuevo método de monitoreo de la temperatura corporal, más cómodo y confiable, con potenciales beneficios en entornos clínicos y en el cuidado cotidiano de la salud.
