La NASA avanza en sus planes para establecer una base lunar con presencia humana semipermanente, un proyecto que contempla enviar nuevos módulos de aterrizaje robóticos, drones especializados y vehículos tecnológicos para la exploración y construcción en la superficie lunar.

Esta iniciativa, llamada Base Lunar de Ignición, se ejecutará en tres etapas. Primero, se enviarán vehículos no tripulados para explorar y analizar el terreno. Luego, se instalarán los módulos que formarán la estructura inicial de la base. Finalmente, se prevé que los astronautas habiten esa instalación parcialmente a partir de 2032.

Entre los proveedores seleccionados figura Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, responsable de fabricar algunas de las máquinas clave para este proyecto. Se espera que la base aproveche una combinación de energía nuclear y solar para mantener sus operaciones, una tecnología anunciada desde marzo pasado.

El calendario de la NASA para esta construcción resulta muy ambicioso, especialmente ante el renovado interés global por la Luna. China, por ejemplo, planea enviar misiones tripuladas que podrían adelantarse a Estados Unidos, con proyectos lunares activos y el reciente lanzamiento de la nave Shenzhou-23 hacia la estación espacial Tiangong.

Este impulso coincide con una nueva etapa de competencia espacial, donde la rapidez en la ejecución será fundamental y aún genera dudas entre expertos sobre la posibilidad de cumplir con la meta en el plazo previsto.