Ramón Verástegui, físico y matemático formado en la Universidad de Columbia y creador de la gestora Kairos en Nueva York, sostiene que la inteligencia artificial (IA) no debe considerarse un camino sencillo para generar riqueza. Según él, la creencia popular de que un bot puede garantizar ganancias rápidas es poco realista y alejada de la complejidad real del mundo financiero.
Verástegui, reconocido internacionalmente por su trabajo en finanzas cuantitativas, explica que la IA funciona como una herramienta que optimiza cada fase del proceso de inversión, desde la recolección y análisis de datos hasta la gestión de carteras y la ejecución de órdenes en los mercados. Sin embargo, insiste en que detrás de esta tecnología siempre debe haber una supervisión humana constante, dado que la máquina comete errores más frecuentemente de lo que se suele pensar.
Su experiencia muestra que la aplicación exitosa de la IA no es un atajo, sino un trabajo arduo y estructurado que, si bien mejora la precisión, no elimina la necesidad del juicio y la corrección del factor humano. Verástegui compara el mundo de la inversión sofisticada con la Fórmula 1: aunque la imagen pueda parecer atractiva y emocionante para el espectador, el trabajo detrás es técnico, metódico y basado en principios matemáticos y físicos rigurosos.
Una encuesta reciente en Wall Street refleja esta realidad, al señalara que la mitad de los profesionales del sector no otorgaría nunca a la IA control total sobre las decisiones de inversión. Esto reafirma que, a pesar del avance tecnológico, la interacción humana permanece como un elemento clave para mitigar riesgos y corregir errores inherentes a la automatización.
Verástegui llegará próximamente a su ciudad natal para ofrecer una conferencia en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa, en la que abordará cómo la convergencia entre humanos y máquinas influye en los mercados, los sesgos que afectan a estos y los obstáculos que aún enfrenta la tecnología en el ámbito financiero.
Su trayectoria comenzó con un interés en la física y la ingeniería, que lo llevó a estudiar simultáneamente ambas disciplinas y a descubrir que los mismos modelos y ecuaciones aplicados en la investigación aeroespacial también se utilizan para manejar grandes sumas de dinero en los mercados financieros. Este vínculo entre ciencia y finanzas cimentó su apostura por una implementación de la IA que realce, pero no sustituya, la capacidad humana en la toma de decisiones.
