El periodista y escritor ourensano Luis Otero Quintas falleció en Madrid a los 84 años, poniendo fin a una carrera marcada por su mirada crítica sobre la España franquista y su transición democrática. Su obra y trabajo periodístico lo consolidaron como un renovador del lenguaje y una voz influyente en medios diversos durante varias décadas.

Originario de Piñeira de Arcos, en el municipio de Sandiás, Luis Otero provenía de una familia vinculada al periodismo y la educación, siendo su padre corresponsal del diario La Región y maestro en la localidad natal. Este entorno familiar influyó decisivamente en su vocación por la escritura, que llevó a la práctica profesional en publicaciones como La Actualidad Española, el diario Arriba y las revistas Personas e Interviú, donde llegó a ocupar el cargo de subdirector.

Además, colaboró con publicaciones satíricas y críticas como El Jueves, Hermano Lobo, A las Barricadas y El Virus Mutante. Su trayectoria literaria incluyó cerca de una veintena de libros, donde analiza con ironía y retranca la España ultracatólica y conservadora del franquismo. Obras como Al paso de la paz, Gris marengo o He aquí la esclava del señor gozan de reconocimiento como éxitos editoriales y muestran su talento para la crítica social.

El profesor y escritor Delfín Caseiro destacó su papel como renovador de la narrativa, especialmente por la introducción de un lenguaje ingenioso y satírico en sus textos. Su vínculo con la comarca de A Limia se mantiene vivo, con presencia constante de su obra en el museo local. Carlos Gómez Salgado, concejal de Cultura de Xinzo, rememoró su fuerte apego a la tierra natal y su constante disposición a colaborar con su comunidad.

Durante su vida, Luis Otero mantuvo viva la memoria de sus raíces gallegas, utilizando incluso el gallego en sus publicaciones personales hasta pocos años antes de su fallecimiento. Su personalidad bohemia concentró a un amplio círculo de amigos y colegas, con los que compartió una intensa vida cultural y social. Aunque sus problemas de salud limitaron sus actividades en los últimos años, no apagaron su espíritu ni su legado literario y periodístico.