Israel terminó en segundo lugar en la 70ª edición de Eurovisión, obteniendo un respaldo significativo del público europeo, en contraste con la decisión de España y otros países de no participar por motivos políticos. La representación israelí encabezó el televoto, recibiendo la mayor parte de los votos populares a lo largo de la final celebrada en Viena.

A pesar del boicot por parte de España, Irlanda, Islandia, Eslovenia y los Países Bajos, la ausencia no afectó el desarrollo ni los resultados del festival. El representante israelí, Noam Bettan, actuó sin mayores incidentes, superando leves abucheos puntuales y mostrando que la presión política no logró influenciar el voto ciudadano, que se manifestó de forma independiente en el televoto.

Mientras Israel sumó un total considerable de puntos y se consolidó como el país con más apoyo directo del público, Bulgaria logró el primer puesto con su intérprete Dara y la canción "Bangaranga", logrando un histórico triunfo para ese país. La competencia mantuvo su formato habitual, con el despliegue técnico característico y la votación en dos bloques: jurados profesionales y televoto popular, donde las diferencias políticas fueron notorias. Los jurados reflejaron restricciones políticas, otorgando solo a Israel 12 puntos desde Polonia, una muestra de la controversia internacional, pero el televoto popular ignoró estos condicionamientos.

En España, la decisión de RTVE de no emitir el festival en abierto privó a la audiencia nacional de uno de los eventos televisivos más vistos dentro del continente. Esta medida, financiada por fondos públicos, generó críticas al dejar a los espectadores sin acceso directo a la final, además de que las audiencias se dirigieron a otras cadenas y plataformas. La apuesta por el boicot político no logró modificar la presencia ni el rendimiento de Israel en el concurso, que se desarrolló sin alteraciones significativas.

Las manifestaciones previas al festival en Viena, en respaldo a Palestina, no alteraron el normal desarrollo del evento ni influyeron en la votación. El espectáculo continuó con normalidad, demostrando que la política no fue un factor determinante para el público ni para el formato de Eurovisión en esta ocasión.