La evolución de los polígonos industriales en Mallorca refleja un cambio sustancial en el uso del suelo destinado a actividades industriales. Aunque estas áreas estaban originalmente pensadas para albergar fábricas y talleres, hoy en día es común encontrar locales comerciales, gimnasios, restaurantes y espacios de ocio, situación que ha puesto sobre la mesa la necesidad de priorizar el uso industrial sobre otras actividades.

En el caso concreto del polígono de Son Castelló, en Palma, sectores alejados de la industria tradicional conviven con empresas fabriles. Desde una macro sala de escalada en Son Morro, que cuenta con una inversión millonaria para reutilizar una antigua nave industrial, hasta el SúperRabbit, un centro infantil de ocio que funciona en una nave transformada para actividades recreativas y que recibe a decenas de familias cada fin de semana.

Esta diversificación del uso de los polígonos responde a una transformación económica y urbana que genera multitud de opiniones encontradas. La Asociación de Industriales Asima sostiene que existe suelo industrial suficiente en Mallorca y defiende la coexistencia de distintas actividades en estos espacios. Por su parte, la Conselleria d’Indústria reconoce la tendencia creciente pero busca equilibrar la gestión para garantizar que la función industrial siga siendo prioritaria.

En el plano normativo, la Ley de Polígonos Industriales de 2025 mantiene una apertura respecto a los usos permitidos, sin imponer restricciones estrictas. Sin embargo, el Plan General de Palma establece que al menos el 55% del uso en las parcelas de estos polígonos debe ser industrial. Este criterio enfrenta propuestas políticas en la ciudad: Vox ha planteado liberar completamente los usos del suelo, iniciativa apoyada por el PP, mientras que PSOE y Podem advierten que esta liberalización podría acelerar el aumento de precios y poner en riesgo la actividad industrial existente.

El debate actual gira en torno a la necesidad de preservar el carácter industrial de estas zonas estratégicas para la economía local, sin descartar su evolución hacia modelos más mixtos que integren comercio y ocio, pero siempre garantizando que la industria no pierda su espacio ni su peso económico.