La plaza de Las Ventas registró un lleno total para la primera corrida de la feria de San Isidro, donde Alejandro Talavante conquistó su séptima salida a hombros tras una faena memorable al toro Ganador, del hierro de Nuñez del Cuvillo. Este ejemplar demostró bravura, nobleza y repetición en su embestida, lo que permitió al torero desplegar su técnica con naturalidad y precisión.

A pesar de la lluvia caída en la mañana, el ambiente en la catedral del toreo madrileña se encendió desde temprano con la expectación de una temporada que ya exhibía varias tardes con “no hay billetes”. La jornada fue uno de los momentos más destacados para Talavante en el aniversario de su alternativa, donde volvió a mostrar por qué es uno de los toreros más queridos y reconocidos por el público.

Ganador, número 80 y de pelaje colorado ojo de perdiz, pesó más de 500 kilos y salió con cierta brusquedad del toril, pero pronto mostró sus cualidades al embestir con clase y profundidad. Talavante cuajó la obra con variadas series, destacando naturales limpios y pases que arrancaron ovaciones, culminando con una estocada efectiva que le valió el doble trofeo concedido por la autoridad.

La corrida en conjunto fue enviada por el hierro de Grullo, presentando un lote desigual pero con momentos de interés para el público. Entre los toros restantes, destacó el quinto por su nobleza, aunque pecó de falta de clase para acompañar las buenas intenciones de Juan Ortega, otro de los toreros en cartel, quien inició su labor con series prometedoras, sin lograr conectar completamente con el animal.

Los toros iniciales, especialmente el segundo llamado Encendido, no respondieron a las expectativas. Aunque mostró movilidad, no transmitió poder ni entrega, por lo que el público reaccionó con indiferencia e incluso algún abucheo. Talavante no consiguió aprovechar al máximo su lote, pero su tumba frente a Ganador quedará en la memoria como una lección de pureza y suficiencia técnica.