Decenas de vecinos de Sanxenxo salieron a las calles para expresar su rechazo a la intervención prevista en la balaustrada de piedra de la playa de Silgar, un símbolo patrimonial de la localidad. La protesta, organizada por la plataforma SOS Balaustrada de Pedra, comenzó en la plaza de Os Barcos y recorrió el paseo marítimo bajo el lema «A balaustrada de Silgar non se toca».
La movilización enfrentó dificultades logísticas al no cortarse el tráfico en la vía, lo que generó momentos de tensión cuando manifestantes y vehículos compartieron espacio. Esta situación complicó el desarrollo de la marcha y evidenció la importancia del reclamo comunitario para proteger este elemento arquitectónico.
En el manifiesto leído durante la manifestación, los participantes recordaron el valor histórico y cultural de la balaustrada, vinculándola con la memoria colectiva local y la tradición gallega de la piedra en su patrimonio. Destacaron que semejantes construcciones históricas, como castros, catedrales y murallas, son parte esencial de la identidad regional y defendieron que sustituir la piedra por acero supondría una pérdida irreparable.
Los vecinos también mencionaron otras reformas en la zona que consideran negativas para el patrimonio, citando ejemplos como el mirador de Caneliñas, la antigua Praza de Abastos y la Praza dos Barcos, donde intervenciones previas los han afectado.
Esta protesta es la segunda organizada por este grupo en pocas semanas; la primera reunió a más de 200 personas en la Rosa dos Ventos, donde se formó una cadena humana en defensa de la balaustrada. Allí el rechazo a cualquier modificación que altere la estructura de granito fue expresado con firmeza, apoyado también por el BNG.
El Ayuntamiento de Sanxenxo ha asegurado que no contempla la sustitución de la balaustrada. Según la versión oficial, la obra busca actualizar el paseo para cumplir la normativa de seguridad mediante la instalación de barras de acero inoxidable entre los espacios de la barandilla actual, sumando un pasamanos superior para alcanzar la altura requerida sin impedir la vista al mar ni modificar la estética original.
El origen del conflicto radica en documentos iniciales de la obra que hablaban de reemplazar la balaustrada completa por una metálica, algo que el gobierno local niega ahora. Esta explicación no ha sido suficiente para calmar las preocupaciones de los vecinos, quienes continúan manifestándose para preservar uno de los símbolos más reconocibles de su identidad costera.
