Con el paso de los años, muchas personas experimentan una pérdida significativa de masa muscular que afecta su capacidad para realizar actividades cotidianas. Es común que, tras superar los 50, se abandone la práctica de ejercicios dirigidos a fortalecer el cuerpo, debido al cansancio, la agenda apretada y cambios fisiológicos propios de esta etapa. Esta situación puede acentuar un estilo de vida sedentario y dificultar movimientos básicos como subir escaleras o cargar objetos.
Expertos en ejercicio físico advierten sobre la importancia de recuperar ejercicios de fuerza que permitan mantener la resistencia y el tono muscular. El profesor de fisiología del ejercicio Donald Dengel, de la Universidad de Minnesota, señala que un claro indicio para retomar la fuerza es cuando las actividades diarias comienzan a adaptarse a la disminución de la fuerza muscular.
En este contexto, la sentadilla aparece como la herramienta fundamental para preservar la funcionalidad del cuerpo. Fernando Gaviria, reconocido entrenador personal, resalta que se trata de un movimiento natural y completo: «La sentadilla incluye el acto de sentarse y levantarse de una silla, un gesto cotidiano que involucra numerosos grupos musculares». A medida que envejecemos y permanecemos inactivos, se pierde esa capacidad, por lo que incorporar la sentadilla en la rutina se vuelve indispensable.
Gaviria recomienda integrar este ejercicio al menos tres o cuatro veces por semana, ya que su práctica favorece la movilidad, reduce el riesgo de dolencias articulares y contribuye a mantener una vida activa y con calidad. Además, realizar sentadillas no requiere excesivo tiempo ni equipamiento, lo que facilita su adaptación incluso a agendas ocupadas.
Este ejercicio trabaja simultáneamente músculos de las piernas, glúteos, core y espalda baja, fundamentales para la estabilidad y el equilibrio. Su impacto positivo se refleja en la mejora de la resistencia para subir escaleras o cargar peso, situaciones que suelen complicarse con el avance de la edad si no se ejercitan adecuadamente.
Por lo tanto, incorporar la sentadilla en la rutina física diaria es una medida concreta para afrontar con mayor autonomía y bienestar el proceso de envejecimiento, previniendo la degradación muscular y promoviendo un estado físico más saludable.
