España analiza transformar parte de las instalaciones de las fábricas automotrices de Seat y Ford para impulsar la producción de material militar. Esta iniciativa forma parte de los planes de modernización de defensa que el Gobierno prevé presentar durante el año, en respuesta al contexto europeo de rearme provocado por la guerra en Ucrania y las presiones internacionales para elevar la inversión en seguridad.

El foco principal recae sobre la planta de Martorell, de Seat, que tras su transición hacia el coche eléctrico enfrenta un excedente de plantilla cercana a dos mil empleos y la necesidad de redimensionar sus instalaciones, especialmente la planta de El Prat, especializada en cajas de cambio. En paralelo, la planta de Ford en Almussafes atraviesa un descenso en su producción y se encuentra en búsqueda de nuevas direcciones, con rumores de intervenciones por parte de la empresa china Geely.

Estas conversaciones, según fuentes de Defensa, forman parte de los preparativos para definir programas de modernización y asignación de presupuestos en el sector militar, que se anunciarían en los próximos meses. Ya en marzo, Seat habría negociado con Indra la fabricación de vehículos militares ligeros, un paso que cuenta con el respaldo del Ejecutivo y se alinea con la creciente inversión de Indra en tecnología de defensa tanto en España como en el ámbito internacional.

La idea de reconvertir plantas automotrices en centros de producción militar no es exclusiva de España. Alemania negocia la posibilidad de que Volkswagen fabrique tanques, mientras Renault, con experiencia histórica en vehículos blindados, se orienta a la fabricación de drones para Ucrania. Estos movimientos reflejan una tendencia europea más amplia de reorientar la industria automotriz hacia las necesidades del sector defensa en un contexto geopolítico marcado por la guerra y la presión internacional.