Emilia Nácher y Álvaro Pérez, dos valencianos que participaron en la flotilla humanitaria Global Sumud rumbo a Gaza, regresaron tras vivir detenciones y torturas durante varios días a manos del ejército israelí. La enfermera Emilia detalló que fue sometida a vejaciones físicas y amenazas de muerte, mientras que Álvaro, ingeniero, resaltó que ambos fueron testigos directos del trato severo que reciben los palestinos bajo asedio.

La misión de estos activistas y profesionales era doble: entregar provisiones médicas y víveres a la población de Gaza y documentar en primera persona las condiciones extremas a las que están sometidos sus habitantes. Sin embargo, fueron interceptados en aguas internacionales, lejos del Mediterráneo oriental, y trasladados a un “barco-cárcel” donde sufrieron palizas, fracturas y malos tratos. Emilia detalló la brutalidad con la que fueron golpeados más de treinta tripulantes en apenas dos días, con hematomas visibles en rostro y cuerpo, así como señales de paradas cardíacas en algunos afectados.

A pesar del sufrimiento vivido, la violencia directa fue solo una fracción del horror que describen sobre la situación de Gaza. Emilia afirmó que el dolor que sienten por la población palestina supera con creces sus experiencias personales y calificó lo ocurrido como un genocidio y no simplemente un conflicto armado. Ambos denunciaron que el ejército israelí mantiene métodos medievales de agresión, que incluyen bloqueo, hambre, bombardeos contra civiles y niños.

Emilia relató que los militares israelíes justificaron la detención argumentando que violaron aguas israelíes, a pesar de que el arresto ocurrió entre Creta y Sicilia, en aguas internacionales. Esta irrupción en la libertad de navegación y la impunidad con la que actúa el ejército israelí son constantes en estas operaciones contra las flotillas solidarias, cuyo objetivo último era llegar a Gaza y así denunciar el bloqueo humanitario.

Al llegar a su ciudad tras el periplo desde Estambul a Valencia vía Madrid y Bilbao, ambos activistas mantienen la esperanza en una caravana terrestre que sigue intentando alcanzar Gaza. Sin embargo, reconocen que la misión marítima puso de manifiesto la brutalidad extrema con que se aplica el cerco israelí y la dificultad de romper ese bloqueo.