La segunda semifinal de Eurovisión se celebró sin la participación de España, un miembro del Big Five, lo que generó una notable polémica y dejó al país fuera de escena en una edición ya marcada por la polémica. Ni el presentador ni la organización hicieron mención alguna a esta ausencia, que provocó reacciones en redes sociales y molestó a seguidores del festival.

Durante el ensayo, un momento de burla hacia la actuación anterior de España con Manel Navarro, y referencias a errores pasados, como su mala puesta en escena, añadieron tensión y pusieron de manifiesto la delicada relación entre la organización y el país ibérico en esta edición. De hecho, dicho fragmento fue eliminado de la emisión televisada, según RTVE.

Sólo Israel, del Big Five, se mostró durante la gala, rompiendo una tradición de más de seis décadas en la que España había participado ininterrumpidamente. La tensión también se reflejó en la ausencia de comentarios sobre otras bajas importantes, como Eslovenia, Islandia, Países Bajos e Irlanda, que pasaron desapercibidas en la transmisión.

Musicalmente, las grandes protagonistas fueron Dinamarca y Rumanía, con propuestas que sobresalieron por originalidad y fuerza. Søren Torpegaard, representante danés, impuso su estilo sin imitar a nadie, logrando una interpretación que emocionó pese a no ser la mejor noche vocalmente. Su canción «Før Vi Går Hjem» destacó por su personalidad, consolidando su pase a la final.

Por su parte, Alexandra Căpitănescu brilló con «Choke Me», enérgico tema de rock que recuerda a éxitos previos de géneros similares en el festival, como los de Turquía en 2008 o Italia en 2021. Su actuación combinó potencia vocal y presencia escénica, asegurando la clasificación rumana.

Otros países como Bulgaria regresaron tras un año de ausencia debido a problemas económicos, y lo hicieron con una propuesta impactante protagonizada por Dara. La artista sorprendió con una puesta en escena dinámica y un baile que evocó comparaciones con presentaciones icónicas de ediciones anteriores.

Australia logró su pase gracias a la actuación de Delta Goodrem, cuyo dominio del escenario y piano cautivaron al público, a pesar de que la canción no destacaba por su composición. El apoyo de miles de espectadores en el recinto se convirtió en un coro colectivo que impulsó su clasificación.

Ucrania también logró su lugar en la final, aunque su propuesta no brilló con la misma fuerza que otras candidaturas. En total, las plazas para la final quedaron asignadas a Moldavia, Suecia, Croacia, Grecia, Finlandia, Israel, Bélgica, Lituania, Polonia, Serbia y los mencionados países favoritos.

La salida de España como participante destaca como el primer gran gesto de rechazo en esta edición del festival, amplificando la polémica alrededor de Eurovisión 2026 y la decisión de RTVE de no tomar parte por la presencia de Israel.