La Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó como emergencia de salud pública de importancia internacional el brote de ébola detectado en la provincia de Ituri, noreste de la República Democrática del Congo (RDC). Esta decisión respondió a la rápida expansión de la enfermedad y al riesgo transfronterizo que representa para la región.

El brote se originó con una enfermedad desconocida reportada a principios de mayo, que luego se identificó como causada por la especie Orthoebolavirus bundibugyoense. Hasta ahora, se han registrado más de 370 casos sospechosos y al menos 100 muertes en Ituri, con contagios confirmados en otras ciudades congoleñas y en Kampala, Uganda, donde ya falleció un paciente.

Entre los factores que aumentaron la gravedad del brote destacan la movilidad poblacional en zonas de conflicto, lo que dificulta las acciones de contención, y la falta de vacunas o tratamientos aprobados para esta variante del virus. Además, la transmisión comunitaria parece estar subestimada debido a la dificultad para rastrear el origen exacto de los contagios.

Con la declaración de esta emergencia, la OMS intenta coordinar recursos internacionales para acelerar la investigación clínica sobre el virus, fortalecer la vigilancia sanitaria y evitar una propagación mayor. Sin embargo, descartó por el momento la declaración de pandemia o la necesidad de cerrar fronteras de forma generalizada.

El virus del ébola afecta a humanos y primates no humanos. Se conocen seis especies diferentes, siendo las más letales las de Bundibugyo, Sudán y Zaire. La mortalidad del brote actual, causado por Bundibugyo, ronda el 40%, inferior a la del virus Zaire, que puede alcanzar hasta un 90%. Mientras tanto, otras especies, como Reston y Taï Forest, pueden infectar humanos sin causar muertes.