En 1926, un grupo de mujeres creó en Madrid el Lyceum Club Femenino, una organización que se distinguió por su enfoque transversal y cultural para mejorar la posición de la mujer en la sociedad. A diferencia de otras asociaciones de la época, ligadas mayormente a posturas religiosas o reivindicaciones políticas, el Lyceum apostó por el intercambio intelectual y la formación como herramientas para la transformación social.
Este club no solo multiplicó rápidamente su número de socias, pasando de poco más de un centenar a varias centenas en pocos años, sino que también atrajo la atención pública por su carácter innovador y por congregar a algunas de las figuras más relevantes de la vanguardia intelectual de la llamada Edad de Plata española.
Además de las conocidas referentes feministas que formaron parte del Lyceum, la historia del club se enriquece al recuperar las voces y proyectos menos difundidos, como la Casa de los Niños o el Comité del Libro para el Ciego, iniciativas que reflejan el compromiso social de la agrupación con sectores vulnerables.
No obstante, el Lyceum enfrentó críticas desde distintos frentes. Por un lado, sectores ultraconservadores lo percibieron como una amenaza para los roles tradicionales de género y la estructura familiar. Por otro, algunas destacadas feministas contemporáneas cuestionaron la representatividad y el elitismo de la asociación, señalando que reproducía patrones de sociabilidad masculina y extranjera, lo que provocó tensiones internas y debates sobre la identidad feminista del movimiento.
El club también ejemplificó la complejidad de la palabra «feminismo» en aquel tiempo, un término aún cargado de connotaciones y resistencias, incluso en círculos progresistas. La obra de la periodista y librera Eva Cosculluela ofrece una mirada profunda sobre este fenómeno, explorando tanto los éxitos como las controversias que acompañaron al Lyceum y el legado inacabado que dejó en el feminismo cultural español.
